
Conocí a Don Julio en los años en que me moví en las lides del periodismo deportivo. Y siempre fue motivo de admiración. Porque era uno de los personajes más esperados de la semana cuando los domingos en la noche, en el noticiario, mostraba los goles del fútbol chileno, y como habría dicho él, en tiempos en que esto no era un negocio, sino que una actividad romántica del pueblo... O fuera porque gracias a la pantalla chica se convirtió en un personaje digno de historietas (Cuquito Calvínez en la vieja Barrabases), de programas de TV (LJ del Jappening con Ja) y de historias...
Conocí a Don Julio bajo la marquesina del Nacional, y en las casetas de su querido Estadio Santa Laura. Lo vi subiendo la escalera interminable del Nacional y colgándose esos fonos gigantes que a veces no le funcionaban para sus comentarios en medio de los partidos, de aquellas tardes de clásicos, de gritos desafiantes de la barra de Unión Española y en esas jornadas triples en que uno terminaba intoxicado de fútbol.
También lo conocí detrás de su máquina de escribir cuando redactaba para diarios y lo vi en más de una de esas revistas Estadio que vendían a la salida del Santa Laura o en las librerías de viejo de calle San Diego (la misma avenida que le servía de guarida en el Rincón de los Canallas en las noches de juerga y conversación en tiempos de toque de queda) firmando como Jumar por años y años...
Hasta me tocó compartir más de una mesa en comidas de festejo que siempre partían por homenajearlo a él. Y al amparo de mostos e historias comprendimos que daba lo mismo que en su última época las imágenes fueran más rápido que su relato o que confundiera a jugadores de distintas épocas... Porque Julio Martínez Pradanos era parte del deporte nacional de los últimos 60 años... Y también de las comunicaciones, de la televisión... Porque Don Julio no sólo hablaba de pelotas y peloteros... tenía opinión... de todo... de política, de la vida, de los problemas de la gente normal...
Por eso también siempre logró emocionar con sus palabras... Ya sea en su tribuna diaria que tuvo por tanto en Radio Minería, como por su famoso discurso en la Teletón inaugural... Él lo lograba cada vez que subía a un escenario, tomaba un micrófono y dejaba que la emoción se fundiera con las palabras.
Fue bohemio y fue periodista deportivo ante todo. Fue, lo dijo tantas veces, un enamorado de lo que hacía, y robándome sus palabras y su estilo, aunque sea de perogrullo, un e-na-mo-ra-do de la vi-da. La que sintió intensamente hasta el último minuto, luego de haberse defendido con todo en los últimos años de ese ataque incesante de la enfermedad mortal...
JM ya no está, pero para quienes crecimos con él, y para quienes tuvimos la suerte de compartir con él, sentimos que dejará un vacío profundo en los anales del periodismo chileno (no sólo el deportivo), sino que en la historia de la televisión chilena.
Para él y su familia, un último adiós...
Richard Olate
Director TVyNovelas Chile